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El derecho a morir vs La Iglesia Católica agosto 6, 2008

Posted by saulon in Actualidad.
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Leí en el periódico hace unos pocos días un artículo muy interesante sobre la eutanasia y las sedaciones en enfermos terminales. Y aunque es un tema que siempre me ha parecido demasiado serio como para discutirlo sin mucha profundidad y seriedad (es un tema con el que me hierve la sangre) me permito el lujo de poner algún fragmento del artículo en cuestión. Destaco las partes en que habla de la Iglesia Católica, que para no variar muestra en estos temas (no en la eutanasia sólo si no también en las sedaciones, cosa más grave si cabe) una amarga hipocresía y una nefasta crueldad, amparándose como siempre en sus desfasadas teorías cristianas.

Conviene insistir en algo muy obvio: la eutanasia voluntaria es un derecho humano, un derecho humano de la primera generación de derechos humanos, un derecho de libertad. Es un derecho, no un deber. Pero ya se sabe que el Gobierno socialista no quiere multiplicar sus frentes de batalla con la Iglesia católica. Y ahí es donde pueden ser útiles algunas consideraciones. En primer lugar, conviene recordar que buena parte de los católicos está a favor del derecho a la eutanasia y en contra de las consignas del Vaticano. Como en tantas otras cuestiones (piénsese en el tema del control de la natalidad, sin ir más lejos). En segundo lugar, cabe preguntar: ¿por qué la Iglesia católica -al menos la oficial- se opone tan ferozmente a la eutanasia? La respuesta parece clara: porque si se generaliza la práctica de la eutanasia voluntaria, si se desdramatiza el acto de morir, la Iglesia pierde poder. La Iglesia siempre ha fomentado una teología del terror a la muerte, reservándose para ella el control de las postrimerías. En consecuencia, la Iglesia tolera mal la secularización desdramatizada del morir que supone la eutanasia. (Probablemente, los hombres de la Iglesia “proyectan” su propio terror a la muerte y tratan de exorcizar su ansiedad -y en el fondo su increencia- aferrándose fanáticamente a la doctrina oficial. Las verdades absolutas “protegen”).

Añadamos, de pasada, que la Iglesia siempre ha sido prisionera de su pretendido monopolio teológico de la verdad, lo cual la ha conducido a inmiscuirse en cuestiones que no le competen. Así, por ejemplo, ya san Ambrosio, en el siglo IV, se oponía a los preceptos de la medicina por ser contrarios a la “ciencia celestial” y al poder de la plegaria. Lo mismo pensaba, siglos más tarde, el arrebatado san Bernardo de Claraval. Y hasta el siglo XVI estuvo condenada por la autoridad eclesiástica la disección de cadáveres y el estudio de la anatomía. Y ya a finales del siglo XVIII, el magisterio de las iglesias cristianas se opuso a la vacuna antivariólica porque entendía que la viruela era un castigo divino, y el hombre no debía sustraerse a ese castigo. (Con la misma lógica se prohibió desviar elcurso de los ríos porque ello significaba “corregir la obra de Dios”). Y en el XIX las mismas iglesias se opusieron a la utilización de la anestesia en los partos. Y actualmente se oponen a la investigación con células madre, a la planificación familiar, al uso del preservativo para combatir el sida, etcétera.
Y no olvidemos, claro está, que hasta hace cuatro días la Iglesia condenaba la libertad de conciencia, la libertad de enseñanza, la libertad de reunión, la democracia, el socialismo, el sindicalismo, el liberalismo y los derechos humanos. Lo de la lucha contra la eutanasia no es, por tanto, más que un nuevo episodio dentro de esta costumbre milenaria que tiene la Iglesia de intentar conservar su poder inmiscuyéndose en asuntos que no le incumben.

(…)

El caso es que conviene entender de una vez -en contra de las voces demagógicas que plantean la cuestión en blanco y negro- que, en las situaciones de eutanasia activa, la alternativa no es entre vida y muerte, sino entre dos clases de muerte: una rápida y dulce, y otra lenta y degradante.

(…)

En fin, está claro, a mi juicio, que la sociedad española está madura para una ley de eutanasia voluntaria, y que la propia Iglesia católica no perdería nada reconsiderando sus presupuestos teológicos. La Iglesia debería comprender que oponerse a la eutanasia voluntaria equivale a estar en contra de la libertad y en favor de la tortura.

Salvador Pániker es filósofo y presidente de la Asociación Derecho a Morir Dignamente.

Si queréis ver el artículo completo está en la web de El País.

Comentarios»

1. ismo - agosto 27, 2008

Con todo el respeto que me merece esta cuestión y anticipando que soy partidario de legalizar la eutanasia voluntaria, discrepo bastante de Pániker.

Si el gobierno socialista o cualquier gobierno pensase que la eutanasia resulta rentable electoralmente, no dudaría en incluirla en su programa y hacerla efectiva. Pero los gobiernos dudan que la eutanasia dé votos, y por ello no se deciden a lanzarse adelante. No es cuestión de lo que diga la Iglesia, sino de lo que piensen miles de votantes, católicos y no católicos, que reciben con algunas reservas de conciencia que alguien pueda decidir sobre la vida. Ya vale con la excusa socialista de no hacer cosas porque lo impiden otros poderes fácticos… La Iglesia atenta a menudo contra la libertad de conciencia, pero el socialismo también, como sabe cualquier mozo que tuviese que cumplir sus obligaciones militares (o PSS, vaya eufemismo) bajo su gobierno o cualquiera que se viese amenazado por la famosa ley de “la patada en la puerta” o… Paladines de la libertad? No, gracias, ni unos ni otros. Mi libertad es mía y nunca he conocido ninguna institución que la defendiese hasta sus últimas consecuencias.

Y la cuestión, como decía, no es simplemente que alguien decida sobre su propia vida (lo que resultaría muy bien en un caso de eutanasia ideal, de laboratorio, en el que el paciente expresa, porque puede, su deseo) sino que alguien decida sobre la vida de otro. Eso no se le puede escapar al Sr. Paniker.

Los problemas fundamentales que plantea la eutanasia, más allá de los de conciencia, son eminentemente prácticos, es decir, cómo llevarla a cabo sin menoscabo de esa querida libertad individual. Porque es muy fácil dejar morir, insisto, a quien lo desea y puede expresarlo de forma inequívoca, pero no siempre sería así, y entonces tendríamos que decidir quién puede interpretar su deseo… Fulanito firmó que quería que le matasen si se quedaba impedido, y se quedó impedido, pero lo firmó hace 30 años y desde entonces había cambiado mucho (de hecho, había adoptado la religión budista); algunos familiares discuten, pues, que ese fuese el actual deseo de Fulanito… A resultas: sería necesario que alguien juzgase el cuándo de la firma, el cómo del cambio personal del Fulanito, la validez de las objeciones de sus familiares… Sería necesario que alguien juzgase. Sería necesario dar entrada a los juristas en esa ecuación, y la voluntad inicial de Fulanito se vería sometida a interpretación. Por otra parte, habría que decidir también hasta qué punto Fulanito quedó impedido (¿Lo suficiente para querer morir? ¿Quién lo sabe? Está impedido, nadie puede preguntarle si está tan jodidamente impedido o sólo tolerablemente impedido… Vaya, tendríamos que llamar a un médico, y preguntarle hasta que punto él considera que Fulanito está tan impedido como esperaba estar para desear la muerte.

En cualquier país en el que está regulada la eutanasia seguirán existiendo probablemente problemas de conciencia pero junto con ellos aparecen los que yo he mostrado en el ejemplo de Fulanito: la intervención de los médicos, los familiares y los jueces en la decisión final, porque está claro que no se le puede quitar a alguien la vida a la ligera. Si los requisitos para la eutanasia no incluyesen a familia, médicos y jueces, podría suceder, por ejemplo, que un familiar tuviese prisa por liquidar a su tío Fulanito y, con un papel firmado hacía 30 años en sus manos, puediese asegurarse una herencia a tiempo para poder pagar su hipoteca.

Todos esos son los problemas que plantea la eutanasia, por lo que colocar a la iglesia católica como principal responsable, me parece de una charlatanería y una insensatez impropias de alguien que sabe tanto del tema.


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